Esta es la segunda parte de nuestro viaje a Asturias este verano
En capítulos anteriores... Esa noche tocaba cachopo. Estábamos a punto de alcanzar el primer hito del viaje. Los nervios estaban a flor de piel mientras nos dirigíamos a la sidrería recomendada.
Total, cena buena en la Sidrería Tropical, en el puerto deportivo, a cenar el mejor cachopo de Gijón. Llegamos casi a las 23h y nos toca esperar cinco minutos. No hay problema, por el cachopo como si son 2 horas... Yo llevaba un hambre de lobo así que no podía esperar. Estaba superemocionado. ¡Íbamos a conseguir el primer objetivo del viaje! Veía las mesas de la gente que estaba acabando de comer, todo cachopos a medio acabar... se me hace la boca agua solo de escribirlo. Pasan cinco minutos, nos sentamos y nos traen la carta.
- No, no, no hace falta carta, queremos cachopo, Cinco Cachopos - lo dije así, con mayúsculas.
- No, lo siento, no nos queda cachopo - respondió el camarero apesadumbrado.
- NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!
Y los pájaros, los ciervos y todos los animalillos del bosque huyeron ante tal grito de angustia... Al final, con ojos del gato de Shrek y una lagrimilla cayendo por mi mejilla pedí un cachopo aunque fuera y me fue concedido. Nos fue concedido. Se lo cedí a Manel. El resto lo probamos y nos deleitamos con solomillo y entrecot de ternera asturiana. Todo buenísimo, sin duda.
Día 3:
Después de la decepción cachopiana tocaba Covadonga. Segundo hito del viaje. Cuando nos levantamos vimos que estaría difícil. Un día nublado en que probablemente los Lagos estarían sin visibilidad. Con la esperanza puesta en el tiempo cambiante asturiano nos dirigimos hacia Cangas de Onís. Pasaríamos la mañana allí y después de comer lo intentaríamos. Todavía quedaba alguna opción.
Algunos comieron fabada y otros decidimos esperar a La Generosa, era al día siguiente. No podía desperdiciar la fabada de Cangas. Así que risotto de setas y carne al cabrales. Después de comer subimos a la Basílica de Covadonga. Muy pero que muy parecido a Montserrat. Visitamos la cueva, vimos a "la santina" y alguno bebió de los siete caños.
A continuación nos dirigimos hasta los autobuses que en verano te acercan a los lagos, 8€ valía la broma, pero estábamos dispuestos. No podíamos fallar en esto también. Pero fallamos. Niebla en las cumbres y nula visibilidad. Bajamos de las montañas, una vez más, derrotados.
Pero había tiempo de salvar la tarde. Estaba nublado pero hay playa. Y hay que aprovecharlo. Probamos en Gulpiyuri pero la marea baja nos privó del mar en esta "playa de interior" así que nos dirigimos a Las Cuevas del Mar. Y allí sí que sí. Un buen baño antes de volver a Gijón.
Y en Gijón aún hubo tiempo para visitar La Laboral, que queda un poco lejos para ir andando desde el centro y no habíamos visto en la visita por la ciudad.
Día 4:
Ese día pasaban dos cosas: La Generosa y el día grande de las fiestas de Gijón. Para llegar a La Generosa decidimos hacer una pequeña ruta por la naturaleza: 3'5 km por el desfiladero de las Xanas con el premio de Pedroveya y la fabada al final. Y a eso que nos pusimos. Llegamos al punto de salida de la ruta y un cartel horrible:
Y adivinad que día era, sí, miércoles 14 de agosto. CABRONEEEEEEEESSSS!!!!!!!!!!
Pero anduvimos. Iniciamos la marcha y nos hicimos la ruta a muy buen ritmo. Una ruta muy chula y muy cortita. Apta para todos los públicos. Altamente recomendable para los no iniciados en el senderismo y para los iniciados también, que aunque no es gran cosa el premio al final es muy bueno, o eso dicen. Eso sí, no vayáis un miércoles.
Al final comimos en un restaurante en la carretera hacia Potes, una paella y un revuelto de setas, y nos volvimos a Gijón. Tenemos un plan. Mañana hay que madrugar así que hacemos la fiesta por la tarde y a las doce a dormir. Está clarísimo.
Nos duchamos y nos preparamos para la fiesta. Primera parada: un cuerno de hidromiel. Después de una par de cervecitas y la (el?) hidromiel, que yo creo que sube mucho nos fuimos a una sidrería, era pronto, pero era el único momento que podríamos cenar sin reservar ese día. ¡Y vaya si lo hicimos! De nuevo a raciones regadas con sidra, con mucha sidra. El camarero vio filón y no paraba de sacarnos botellinas. ¡Dos para la doce! era su grito. Salimos de allí listos, anochecía pero había más sidra que beber. Y eso hicimos aunque hubo alguno que se pasó a los cacharros de whisky en vaso de sidra y algún otro dejó de beber cuando su estómago dijo basta y echó la sidra, los chorizos, la morcilla, las patates y todo lo demás en alguna acera de Gijón. El resto seguimos hasta el momento de los fuegos en que decidimos que había que retirarse. Vimos los fuegos, un poco decepción, y para casa, no sin antes parar a por unas birras en un par de bares.

Y el resto es historia. El 5º día fue el de vuelta a casa, con parada en Zaragoza para que uno de los expedicionarios cogiera allí el bus a Teruel y poco que contar.