Ayer tenía escrita una parrafada inmensa y se me borró justo antes de darle a publicar así que no prometo que la de hoy tenga la misma gracia o interés que la de ayer, lo siento, soy muy vago.
Día 1. Bruselas.
Bruselas mola. Bueno, tanto como molar...pero vamos, que está bien. Pero volvamos al principio. Llegamos al aeropuerto de Bruselas, o eso dicen, porque parece que está en Holanda o Luxemburgo, es infinitamente largo y tardas unos 20 minutos en llegar a la zona donde se supone que esta el tren y allí que se puso Isa a practicar su francés. Y consiguió dos billetes para la estación del norte de Bruselas, que es la que nos interesaba. El hostal al ladito, sorprendentemente limpio y ordenado. Estaba chulo, viviendo la emoción de la Eurocopa en pantalla gigante, internéeeeeeeeeeeeeeeeeeee gratis y cocina para hacerte tus platos de pasta si quieres. Dejamos las cosas y a la aventura!!!
Tanto como aventura... sería demasiado aventurar. Nos dirigimos a la Grand Place. Impresionante. Con su Casa Manuel y su Le Roy d'Espagne y sus espectaculares edificios.
¿Y ahora qué? Pues no hay mucho más...de momento vamos a comer que aquí se come pronto y hay que integrarse. En el primer bar que vimos mejillones con patatas fritas nos metimos y comimos infinitos mejillones e infinitas patatas fritas. Y bebimos tres tipos de cervezas distintas. Las dos primeras, las que pedimos nosotros buscando la más rara que pudiéramos encontrar fueron un fracaso, frutas del bosque y Kriek (que por lo visto significa cereza). En fin, un desastre. Menos mal que el tío se apiadó de nosotros y nos invitó a unas Kwak.
Después de inflarnos de comer toca siesta que nos hemos levantado a las 4 de la mañana. Y eso hicimos. Por la tarde, Atomium. Y eso hicimos. Te recorres Bruselas en metro al cual para entrar hay unas máquinas para picar los billetes pero no tornos (y nadie se cuela!!!!), llegas a Heizel donde está el mítico estadio y el Atomium.
Por recomendación extrema no entramos así que fotitos y cuando vamos a coger el metro...oh! sorpresa! unos tranvías tan monos!!! tan cucos!!! tan pequeñitos!!! No pudimos resistirlo, nos montamos en uno aunque era más lento y nos dejaba más lejos que el metro. Vimos las calles de Bruselas que no son el centro con casitas aún en plena ciudad y al bajarnos del tranvía nos perdimos en el barrio chungo de Bruselas. Por suerte con nuestro mapa que estaba al revés y el francés de Isa pudimos orientarnos y llegar más tarde que pronto a nuestro destino: El Manneken Pis.
Todo el mundo te dice que no te emociones, que es muy pequeñito y la verdad es que sí, que es muy pequeñito, no es gran cosa, pero mira, se ha hecho famoso pues ya está, foto de rigor y a ver si cenamos, con la tontería son las 21h, aquí cierran pronto pero vamos, el McDonalds de aquí, llamado Quick, seguro que está abierto, y hay uno cerca del hostal. Pues no, no estaba abierto, comienza nuestra peregrinación y en algunos momentos desesperación, todo cerrado, los kebabs cerrados, las tiendas chapadísimas desde las seis, sin demasiada gente por la calle en pleno día (anochece a las 22:30 más o menos) apenas abiertas un par de terrazas carísimas en el centro cuando por fin llegamos a un Quick que extrañamente estaba abierto, al ladito de la Plaza de España bruselesca, que ni siquiera es una plaza pero tiene una estatua de Quijote (yo digo que es Sean Connery) y Sancho por lo que es de España, no sé si antes fue la estatua o la plaza...
Y con esto y un bizcocho se ha acabo Bruselas. El próximo capítulo será... Amberes