12 noviembre 2007

Comer a las dos

Después del éxito apabullante del post sobre el cambio de hora, éxito visible en el alto número de comentarios, hasta dos, me he decidido a escribir este otro. La idea está sacada directamente de Historias de España, un pedazo de blog que ya he recomendado alguna que otra vez.

Resulta que la culpa de que comamos a las dos de la tarde en vez de a las doce como en el resto de Europa, de que cenemos a las nueve o las diez, que nos levantemos y sea de noche (los que madrugamos) y todas esas cosas que hacemos diferente al resto de los mortales y de las que nos vanagloriamos cuando llega algún guiri y come a las doce es culpa de Zapatero. Bueno, de Zapatero no, pero de algún político sí.

Hasta mediados-finales del siglo XIX no hacía falta tener reloj. Se podía quedar después de comer o a media tarde o para cenar, no era necesaria una precisión demasiado grande, eso que envidiamos los de ciudad de la gente de campo hoy en día era generalizado hace siglo y pico. Y entonces llegó el ferrocarril, llegaron los trenes. Entonces se convirtió en imprescindible unificar horarios porque si yo quería coger el tren debía saber a que hora hacerlo y saber a que hora llegaba a mi destino para que vinieran a recogerme. Y a ello que se pusieron los científicos.

Decidieron dividir el mundo en 48 franjas horarias, 24 hacia el este desde el meridiano de Greenwich y otras 24 hacia el oeste desde el mismo punto. Solucionado. Cada país o territorio tendría la hora que marcaba su meridiano. Facilísimo. Pero claro, algo tendrían que decir los políticos, y lo dijeron. Decidieron a que franja horaria se adherían, no les gustaba eso de que fuera una solución puramente geográfica. ¿Y quién estaba surgiendo como potencia mundial? Pues una Alemania que acababa de ser unificada por Bismarck. Primero fue Madrid, luego París y luego Londres, pero en aquel momento, la ciudad sobre la que giraba Europa empezaba a ser Berlín. Así pues, muchos países se subieron al carro de ir a la misma hora que los alemanes. Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo y España, a los que correspondía la hora de Greenwich, la de Londres, se apuntaron a la moda berlinesa.

Conclusión, tenemos una hora más que Portugal, que está a tiro de escupitajo pero la misma hora que Chequia que vamos, el que llegue con un escupitajo es un crack. Y eso siginfica que nosotros comemos como todo el mundo, al mediodía. Lo que nuestro mediodía es a las 14 y no a las 12 como en todo el mundo. Por eso amanece más tarde aquí y anochece más tarde, porque la hora no es la que nos corresponde por situación geográfica.

2 comentarios:

Toni Rajo dijo...

Qué curioso... Lo desconocía. Igual que el blog de Historias de España, lo voy a despedazar.

Gracias!

Robert dijo...

YO me lo estoy leyendo de pe a pa, ya voy por agosto de 2006, me encanta :D