28 febrero 2007

Un viejo impostor

No está de actualidad, ni siquiera se cumple el aniversario del desenmascaramiento. No tenía por qué, pero hoy he recordado a un personaje que hace un par de años, en pleno Paseo de Gracia, creo que en la diada de Sant Jordi, nos mintió, y lo hizo tan bien que le creímos, que nos emocionamos, que lloramos, que se nos hizo un nudo en el estómago que aún hoy se convierte en un gigante ovillo de rabia e indignación.

Aquel hombre se llamaba (y creo que se llama) Enric Marco. Aquel hombre llevaba casi 30 años mintiendo a jóvenes como nosotros, explicándoles una vida que no había vivido. Llevaba 30 años hablando sin decir nada más que mentiras, de esas que duelen, porque eran posibles, porque te hacían llorar, te hacían sentir impotente, hacían que te avergonzaras de ser humano. Aquel hombre era, por aquel entonces, presidente de la asociación Amical de Mathaussen y se pasaba el tiempo dando conferencias en institutos, colegios, universidades, incluso en el Congreso, explicando los horrores de la barbarie nazi, los horrores de los campos de concentración, como había salvado la vida algunas veces por pura suerte, como había visto morir a sus compañeros, como había sufrido durante dos o tres años sin saber si el día que empezaba sería el último.

A mediados de mayo de 2005, un historiador, Benito Bermejo, le arrancó la máscara. Les enseñó a todos quien era ese anciano de 83 años, un viejo impostor. Le obligó, con pruebas, a confesar que jamás había estado en un campo de concentración, que se lo había inventado todo, que nos había mentido a todos. No suficientemente humillado, Enric, lejos de arrepentirse, se defiende alegando que lo hacía por nuestro bien, para que no olvidáramos. Jugaba con nuestros sentimientos, nos mentía a la cara, nos hacía llorar por algo que él no había vivido, por algo que los que de verdad habían estado en un campo de concentración, no podían o no querían contar, porque les dolía demasiado recordarlo o porque, simplemente, no había pasado.

Ese hombre, cree que merece nuestro respeto, ese hombre cree que es alguien que te puede mirar a la cara. Ese hombre es una basura.



He estado mirando por Internet y he encontrado esta página donde se recogen las reacciones que produjo su confesión (no olvidemos que forzada). Además, un amigo que estaba conmigo cuando esa persona nos mintió a los ojos escribió esto:

Vendo humo
Vendo la esperanza de un atardecer
caminando en el paseo de gracia.
Vendo la esperanza, vendo el creer,
vendo el explicar la desgracia
aún siendo falacia...
Vendo humo, ¿qué más puedo hacer?


Vendo tu recuerdo, vendo tu saber
aunque yo no supiera nada.
Vendo romanticismo en bolsas de basura
vendo tu alma, la mía se quedó en aquél
cliché que vendí al chupacabras
cada vez que pronuncié
mis palabras...


Vendo pinceladas, vendo humo y sé
que el mundo lo tiene chungo
si espera que siga soñando,
si quiere que aún crea en algo
digno de admiración...

Vendo la conciencia,
vendo el saber,
vendo todas las horas gastadas
en querer vender fango.

No hay comentarios: