Por edad tengo un montón de amigos que han sido padres antes que yo. También alguno que lo ha sido o lo será en breve, después que yo, pero en general, tengo más que lo han sido antes. El tema es que cuando estás embarazado todos los padres te dan consejos, a todos les pides consejo, cuáles son las cosas buenas, cuáles las malas y todo ese tipo de cosas que te cuentan que luego nunca son todas las que te pasan. Esas que comentas cuando te pasan a ti y todos te dicen que las han pasado pero nunca te las dijeron antes de que naciera tu bebé. Y eso vale para las cosas buenas, geniales como para las malas, horribles.
Pero hay una cosa que, sobre todo con el grupo de amigos con el que más hablo de esto (solo hombres, algunos solteros y otros padres más experimentados), comentamos a menudo: ¿compensa? En general para los solteros no compensa y para los padres están esperando a que compense, digamos, a partir de los 3-4 años. Alguno ha llegado hasta ahí y sigue "esperando". El carácter normalmente bromista del grupo hace que nunca nos tomemos en serio todas estos temas "serios" pero a mí me ha hecho pensar. Sobre todo a raíz de una sensación que se viene repitiendo en mí cada poco.
Como sabes, avezado lector/a, tengo una hija que en abril hace 2 años así que, según la teoría de este grupo de Gañanes no compensa todavía. Cuando la niña nació, durante bastantes meses, de repente, sin venir muy a cuento, o sí, porque se reía, me hacía algún gesto o cualquier otra nimiedad como mirarla mientras duerme, me daban ganas de llorar de felicidad. No llegaba a hacerlo pero los ojos se me humedecían, se me escapaba una mueca de risa tonta y así me quedaba durante unos segundos.
No recuerdo otras ocasiones en que me haya pasado eso. No recuerdo nunca llorar de felicidad, o estar a punto de hacerlo. Quizás si hubiera ganado la Champions o un Mundial... y no, nunca he llorado por el Barça o por la Selección, ni cuando ganan ni cuando pierden. Enfadarme sí, alegrarme también pero llorar de felicidad o de rabia o impotencia nunca lo he hecho por un deporte. Conclusión: durante los primeros meses compensaba. Cualquier cosa que pasara la compensaban esos segundos de felicidad desbordante que, por suerte, eran recurrentes.
Un día, eso dejó de pasar. La niña ya es más grande, ya interactúa más, ya sabe lo que hace, ya llevas unos meses con ella, un año... por lo que sea, por mi culpa o por la suya dejó de pasarme. No le presté mayor atención, no me parecía mal. Era lo que había, me hacía feliz, me reía, la disfrutaba pero ya no lloraba de felicidad.
Ahora que tiene ya casi dos años y empieza a hablar, empieza a hacer "trampas" cuando jugamos a alguna cosa, se ríe a lo loco con un montón de cosas me ha vuelto a empezar a pasar. Me sorprendí a mí mismo hace un par de semanas con ganas de llorar simplemente porque la estaba haciendo reír tanto, porque ella era tan feliz que yo no podía serlo más.
Definitivamente, tener una hija es lo que más feliz me ha hecho del mundo aunque, por supuesto, echo de menos muchas cosas de cuando no era padre, de cuando era soltero, de cuando era más joven... aunque, por supuesto, hay muchas veces que prefiero estar solo, o estar con los amigos o estar con mi mujer a solas viendo una peli los dos solos, sin interrupciones o mil cosas más en que no está mi hija. Aunque soy una persona normal estoy absolutamente convencido de que tener una hija me compensa sin ninguna duda. Seguro. Siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario