El 6 de diciembre de 2011 The Black Keys lanzó al mercado su séptimo disco: El Camino (dato patrocinado por la Wikipedia). Así, en castellano. No sé cómo me enteré de su existencia pero me resultó curiosa su portada, con un coche y el nombre en el idioma de Cervantes. Lo escuché por curiosidad y el primer tema del disco, que también fue su primer single, era Lonely Boy. Me estalló la cabeza. ¡Vaya temazo! Buscando sobre el tema en particular descubrí el videoclip. Absolutamente genial. En fin, un descubrimiento sensacional, aún así el disco no me acabó de convencer pero...
Pero claro, yo he venido aquí a hablar de otro disco: Brothers. Este disco es inmediatamente anterior a El Camino y fue lanzado en 2010. Y ese disco sí que es casi perfecto. La música de The Black Keys tiene un sonido muy particular y es fácilmente reconocible y, como comprobé en el disco Expectativas de Bunbury, imitable. Desde su primera canción, Everlasting night, una de las mejores canciones del álbum, si no la mejor, hasta la última, These days (una canción con cierto aire Beatle) te transporta a su música, a su batería, a su guitarreo inconfundible y te mantiene en un estado de disfrute permanente durante sus 15 canciones.
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