Uno siempre espera a doblar la esquina y que haya dejado de llover. Siempre espera chocar con algo. Yo doblo en todas las esquinas sin mirar, por si acaso. Abro la puerta sin preguntar quién es ni mirar por la mirilla y entro en los sitios sin pedir permiso. Es mi forma de gritar sin molestar demasiado aunque reconozco que lo de entrar sin llamar sí que incomoda a cierta gente y no siempre me atrevo. Pero el día menos pensado chocaré. Sólo espero estar atento y no pedir disculpas y seguir andando como si nada hubiera pasado.
En este invierno largo y tardío está lloviendo ya demasiado. Hay ganas de primavera. Debe estar al caer. Sigo buscando.
Claro que uno no choca si no se lo propone.
Uno no deja de mojarse si no abre el paraguas.
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