25 agosto 2006

El caballo del general

Ayer pudimos leer en El Periódico de Catalunya este artículo que habla, en particular de la estatua ecuestre retirada del cuartel de Zaragoza y, en general, de la polémica suscitada a raíz de la retirada de estos símbolos fascistas.

GABRIEL Cardona
Exmilitar e historiador

Hasta ayer hubo una estatua ecuestre de Franco en la Academia General Militar de Zaragoza. Era un bronce enorme, colocado sobre un aparatoso pedestal de piedra, y levantado en el sitio más honroso del centro. Por si fuera poco, las calles y patios del lugar, en su día, fueron dedicados a personajes de la misma cuerda, entre ellos Martínez Anido, organizador del terrorismo patronal en la Barcelona de los años 20.


El general y su caballo estaban situados en la gran avenida por donde se celebran los desfiles. Durante muchos años, cada vez que una personalidad ha visitado la academia, la tribuna se ha situado bajo el monumento, de modo que el personaje y sus acompañantes quedaban a los pies del caballo del dictador. Y, desde allí, presenciaban el brioso paso de los aspirantes a militar, que, al llegar a la tribuna, volvían la cabeza, según manda el reglamento. De esta manera, nadie podía asegurar si le rendían honores al ilustre, a Franco, o a su caballo.


EN PLENA democracia, numerosos dignatarios españoles y extranjeros han soportado semejante escarnio, hasta que, hace poco, esta práctica vergonzosa finalizó cuando se decidió instalar la tribuna en otro lugar. Por fin, el caballo y su jinete emprendieron un viaje hacia el museo. Menos mal, porque era costumbre que, cuando el dictador y su montura abandonaban una plaza, fueran reinstalados en el patio de un cuartel. Así sucedió en Valencia, donde el hecho de quitar la estatua de la plaza provocó ocho meses de batallas con la derecha local, hasta que llevaron la escultura a la capitanía general. De modo que, poco después de que Milans del Bosch abandonara el edificio, se instalaron Franco y su caballo. Algo parecido sucedió, también, en El Ferrol. Como si los cuarteles, en lugar de servir de alojamiento para las tropas --que pagamos todos-- debieran dedicarse a conservar las esencias y símbolos del franquismo.Posiblemente, el bronce ecuestre de Zaragoza criará polvo en algún almacén municipal.

A pesar de todo, como la mala baba no hace vacaciones ni en agosto, la cosa ha dado lugar a las protestas de la derecha, que argumenta que el Gobierno pretende hacer desaparecer la historia, y que la estatua de Franco estaba en la academia porque él había sido su fundador. Esa protestona derecha nuestra, o mejor suya, nunca es capaz de distinguir la línea que separa el conservadurismo y el fascismo. Y, además, no se entera de las cosas. La Academia General de Zaragoza no fue fundada por Franco, sino a finales del siglo XIX, cuando nuestro hombre, o mejor suyo, todavía no había nacido. Y, de las tres épocas en que funcionó dicha academia, el general únicamente fue director en una, que duró tres años. Por cierto, teniendo como jefe de estudios al coronel Campins, sin que nadie se haya acordado de ponerle estatuas.

Hace más de medio siglo que las estatuas de Mussolini y Hitler desaparecieron de las calles de Italia y Alemania, donde hoy es imposible encontrar símbolos fascistas con reconocimiento oficial. En cambio, Franco, que fue su compañero de viaje, ha mantenido monumentos y referencias en nuestro país durante los 30 años que llevamos de democracia. Incluso en Barcelona, sin ir más lejos.


Si tal permanencia simbólica parece incoherente, la exhibición de la estatua en la Academia General empezaba a resultar peligrosa. Las escuelas militares de todo el mundo, por encima de los conocimientos técnicos que proporcionan, configuran una mentalidad profesional, el llamado espíritu militar, que aquí se confundió con la ideología franquista, que era otra cosa. Es tan alta la tensión emocional que reciben los cadetes, que muchos militares conservan durante toda la vida la mayor parte de códigos morales y referencias sentimentales recibidos en la academia. Y esta cuestión se presta a unas cuantas consideraciones.

La principal virtud de los ejércitos es la disciplina. En 1931, Franco firmó un documento comprometiéndose, por su honor, a "obedecer a la República y defenderla con las armas". En 1936, se sublevó contra el Gobierno elegido democráticamente seis meses antes. Su ejemplo solo puede servir para formar oficiales en una república bananera.


España no es una dictadura militar, sino una democracia, y la situación del mundo y las misiones de nuestros militares son muy distintas a las de hace medio siglo. La legitimidad de las Fuerzas Armadas es consecuencia de la Constitución de 1978, no de Franco, los tercios de Flandes o los Reyes Católicos.

LOS MILITARES españoles no se dedican hoy a hacer la guerra, ni a salvar la patria, sino a defender la paz bajo la honrosa bandera de las Naciones Unidas. Si van a exponer su vida para defender la paz en todo el mundo, no pueden educarse a los pies del caballo de Franco, quien provocó una guerra civil y fusiló a unas 50.000 personas después de que esta finalizara. Educar a los futuros militares bajo esa estatua resultaba tan incoherente como formar cirujanos bajo una foto de Jack el Destripador.



La verdad es que con esto de no herir susceptibilidades y no reabrir heridas y pin y pan nos estamos quedando a medias. La ley que ha propuesto el gobierno, ahora no estoy seguro pero creo que ya ha sido aprobada (todos a favor menos el PP, que votó en contra), es una ley de quedar bien con todos, y aún así parece que no lo consigue. En la Guerra Civil hubo unos vencedores y unos vencidos. Los vencedores tuvieron homenajes durante 30 años y todavía les quedan sitios como el Valle de los Caídos. Los vencidos están en fosas comunes por las carreteras de España.


La ley dice que se prohíben los símbolos que aludan a uno sólo de los bandos. No estoy de acuerdo. Está bien lo de no herir susceptibilidaes y no reabrir heridas y pin y pan...pero no olvidemos que eran fascistas, gente que llevó a cabo un alzamiento contra el gobierno legítimo elegido democráticamente, comenzó una Guerra Civil y luego instauró 35 años de Dictadura. No creo que merezcan demasiado respeto. No debemos olvidar lo que pasó pero de ahí a que por su culpa no podamos tener una Calle de la II República, por ejemplo, igual que hay una de Felipe V, me parece totalmente indignante. Mientras tanto, la gente paga de su bolsillo las exhumaciones de cadáveres en las cunetas (el Gobierno se lava las manos) y el Valle de los Caídos sigue tal cual lo erigió Franco para recordar a los vencedores de la Guerra Civil (aunque al menos ya hay propuestas para que se convierta en museo).

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