23 mayo 2005

Manuel Requena Zamora. Mi abuelo

Él no era de los que contaba batallitas todo el día. Jamás le oí hablar de sus días de soldado durante la Guerra Civil. Ni siquiera sé en que bando luchó. Pocas veces hablaba de cuando era joven, de cuando había que trabajar de sol a sol para tener algo que llevarse a la boca. Y así, un día de mayo, se fue. Poco a poco, se fue apagando hasta que se cansó de aguantar.

Él estaba allí siempre que yo llegaba. Siempre. En verano o en invierno. Allí estaba esperándonos. No hablábamos demasiado. Creo que ni él ni yo éramos lo suficientemente "atrevidos" para abrazarnos fuerte, para darnos un beso, para decirnos que nos alegrábamos de vernos. Pero sé que era así.

La verdad es que apenas lo veía el tiempo que estaba de vacaciones. Como ya he dicho, hablábamos poco. Yo bajaba todas las tardes a su casa a merendar, una merienda que se convertía en cena. Él pasaba, saludaba, preguntaba que qué tal o a veces ni eso y le contestaba. El mayor rato que coincidíamos era cuando bajábamos a comer todos juntos a su casa. Nos reuníamos sus hijos y sus nietos alrededor de la mesa y compartíamos la comida que mi abuela y mi tía habían estado preparando toda la mañana. Él bebía de su botella de vino blanco con un tapón con forma de tubo que le servía para no tener que servirse en un vaso. Utilizaba su navaja, nada de cuchillos, su navaja de siempre. Estaba acostumbrado a comer con navaja. Siempre lo había hecho así. Antes no había cuchillos de estos modernos. Antes se comía cualquier cosa sobre un trozo de pan (el día que había suerte) o sólo un trozo de pan (la mayoría de los días). Comía de todo, bastante había sufrido ya como para protestar por lo que le pusieran. Seguro que había cosas que no le gustaban (en mi familia somos bastante delicados para comer) pero el callaba y comía.

Tenía un trozo de tierra, lo había convertido hace muchos años en una cochera y un huertecillo. Lo llamábamos "El sitio", allí pasaba los ratos, en su huerto, sembraba tomates, patatas, cebolletas y lo que le apetecía, que para eso era su huerto. Al lado del huerto había construido una alberca que le servía para almacenar el agua de riego del huerto. De pequeños nos bañábamos allí. Era divertido hasta que la alberca se nos quedó pequeña y el agua nos llegaba hasta las rodillas y no cabíamos a lo largo.
Estos últimos años se había aficionado a la petanca. Era bueno. Empezó a jugar y en unos meses ya ganaba los campeonatos que se hacían en el pueblo. En cuestión de un par de años había llenado el mueble del salón de copas y los cuernos del ciervo de medallas. Había sido cazador. Cuando yo era pequeño todavía cazaba de vez en cuando. Tenemos en casa una cabeza de ciervo y un perchero hecho con las cuatro patas del venado. En su casa hay uno mayor aún, era tan grande que está muy bajo para que los cuernos no toquen el techo y más de uno y más de dos se han dado golpes en la cabeza...y los que quedan.

Nació a finales de 1918, pero como en aquellos tiempos no estaba eso muy regulado lo inscribieron como nacido el 1 de Enero de 1919. Nochevieja era especial siempre. Todos los años bajábamos a su casa a celebrar la llegada del año, su cumpleaños y además que era el día de su santo. Nunca he visto en un calendario que el dia 1 sea San Manuel, siempre pone Año Nuevo pero así lo celebrábamos. Cada Nochevieja es un espectáculo. Nos juntamos mucha gente y cada uno comía una cosa diferente y las uvas a su manera. Excepto él. Él comía de todo y las uvas enteras, como tiene que ser para empezar bien el año. Este año, no ha sido como todos los demás.

Un día de primavera de 2005 algo le falló, lo ingresaron en Linares y sólo lo mandaron a casa un mes y poco después para que no muriera en una fría habitación de hospital. Poco a poco fue perdiendo fuerzas. Respiraba cada vez más despacio. El 21 de Mayo de 2005 por la tarde, dejó de respirar definitivamente.

Descanse En Paz

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Te acompaño en el sentimiento Robert.

Animos desde Dinamarca!

Anónimo dijo...

se lo que pasas porque a mi me ha pasado hace poco, pero mi abuelo se fue sin avisar, de golpe...has tenido la suerte de despedirte de él, y seguro que se ha sentido querido por su familia en sus últimos días, no hablaríais mucho pero a veces no hacen falta palabras

Animo pequeño que para lo que necesites estoy aqui, ya lo sabes...

te kiero.

Anónimo dijo...

Gracias a los dos.

Se agradecen los ánimos desde Dinamarca y desde donde sean...

Y bueno, que decirte a ti, que gracias por estar ahi ahora y siempre. Yo también te quiero aunque no te guste que te lo diga...

Anónimo dijo...

Hace año y medio ya que se fue mi abuelo.

Lamentablemente, es en estos momentos cuando somos capaces de sentarnos a oir pasar el tiempo y dedicarnos el tiempo necesario para pensar y sentir en lo que realmente tiene importancia. Todo es urgente e importante hasta que te encuentras con algo que realmente importa. La familia, la de siempre y la que está por venir, los amigos... No los cuidamos suficiente. Pasan los días uno detrás de otro y cuando te metes en cama al final del día es cuando tienes los primeros momentos para ti y, de repente, te quedas dormido.

Robert amigo de ayer, de hoy y de mañana, lamento no tener mejores palabras ni una mayor elocuencia para decirte que lamento mucho tu perdida. Si algo puedes sacar en positivo de todo esto que sea el sentimiento de unión que debe flotar alrededor de todos y cada uno de los miembros de tu familia y lo bonito que podria ser sentirse tan unidos y apegados a los tuyos como en estas fechas.

Desde Horta, la frontera final, un fuerte abrazo de hombreton.

P.D.- A mi que me gusta que me digas q me quieres no me lo dices nunca... La asturiana tiene mucha suerte =))

Anónimo dijo...

Gracias por tu apoyo y por tu reflexión

Prometo decirte que te quiero la próxima vez que nos veamos ;)